lunes, 25 de febrero de 2019

Neurociencia y el desciframiento del cerebro humano

La Vía Láctea

La neurociencia es la ciencia que estudia el sistema nervioso y tenemos el orgullo de que el padre de esta disciplina del conocimiento fue nuestro compatriota, quizá menos reconocido en España de lo que debiera por su contribución, D. Santiago Ramón y Cajal.

Quizá no es tampoco suficientemente reconocido que tenemos en España centros de investigación de vanguardia en neurociencia cognitiva y computacional como el Centro de Tecnología Biomédica que dirige el catedrático Fernando Maestú, siendo una de sus actividades punteras participar en el “Proyecto Conectoma”. Así como el Proyecto Genoma Humano fue un proyecto internacional de investigación científica con el objetivo fundamental de determinar la secuencia de pares de bases químicas que componen el ADN e identificar y cartografiar los aproximadamente 20.000-25.000 genes del genoma humano desde un punto de vista físico y funcional, el Proyecto Conectoma pretende hacer lo propio con el sistema nervioso: ni más ni menos que descodificar el cerebro humano, entender qué lo compone y cómo se relacionan las células nerviosas entre sí. Es un primer paso para entender la máquina más perfecta que ha fabricado la naturaleza. 

Pensemos que la Vía Láctea tiene unos 200.000 millones de astros. El cerebro humano tiene 86.000 millones de células nerviosas. Las conexiones entre células son las que dirigen la acción motriz (hablar, moverse) o del pensamiento y son en cada momento dado entre 100 y 500 billones de sinapsis. Pero es que ese momento dado es distinto en cada milisegundo, otorgando una enorme plasticidad al sistema. Y además, esto es singular para cada persona. ¿Cómo funciona este sistema dinámico unipersonal en grupos? Dependerá del tamaño, de sus interacciones, ... Es un sistema dinámico a más no poder. Comprender y secuenciar este sistema seguramente será el mayor proyecto computacional de la historia de la humanidad. 

Algo que disciplinas como la teoría de grafos nos empiezan a permitir y que Santiago Ramón y Cajal avistó hace más de 100 años con un microscopio, libreta y papel. 

jueves, 14 de febrero de 2019

Business TV, business case


La economía, en sentido amplio, es uno de los asuntos que más afectan al ciudadano. Y, en consecuencia, parece que sea uno de los campos que más le interesen. Así pues, tanto por impacto como por interés, sorprende que los medios de comunicación especializados en economía no hayan conseguido el hueco que a priori les correspondería.



Puede que una razón sea que han optado por tener un sesgo hacia los mercados financieros, un tema con muchos menos interesados (cuidado con confundir “economía” con el “sube-baja” de las cotizaciones). Otra razón es que la economía interesa, sí, pero la percepción generalizada es que aburre porque es demasiado técnica o pesada (de ahí el espacio tan reducido en los medios de comunicación generalista: la “paradoja del interés”).

Por eso, es posible que los medios especializados se hayan equivocado en el enfoque: la demanda que existe, y que sigue insatisfecha, es la “educación financiera”. Es posible que el error haya sido que se han enfocado en dos colectivos concretos: los profesionales de la economía y de los mercados, y los inversores en acciones. Y para los primeros, un medio de comunicación no es suficiente. Los que "trabajamos en economía” nos nutrimos más de informes de organismos internacionales, de bancos centrales o de bancos de inversión, así como de consultoras privadas. Exigimos un elevado grado de profundidad que, es verdad, algunos medios ofrecen, pero muy pocos (Financial Times, The Economist y Wall Street Journal). El otro colectivo al que se han dirigido (los inversores particulares en acciones) tal vez no sea tan mayoritario y, por lo tanto, tan atractivo para los que contratan publicidad. Queda un último componente de información económica: las noticias de empresas, cierto, pero es posible que no sea suficiente (ni en cantidad ni en interés) como para alimentar un medio especializado.