domingo, 9 de septiembre de 2018

España y Europa necesitan una estrategia sobre migración

No hay duda que la inmigración se ha convertido en un tópico de conversación y preocupación entre los europeos. En la última encuesta del Eurobarómetro publicada en Junio 2018, el 38% contestaron que era su primera preocupación, seguida por el terrorismo con el 29%. En nuestro país, donde los titulares y la improvisación marcan con frecuencia la agenda política, la llegada de pateras del Norte de Africa, los asaltos a la valla de Melilla y el rescate de barcos humanitarios en aguas del Mediterráneo están en boca de todos. ¿Es la migración un problema para Europa o para España? Pongamos las cosas en contexto.

Definición de migrantes

Primero definamos que son migrantes. Según la IOM (International Organization for Migration), un migrante es una persona que se desplaza fuera del lugar de su residencia habitual, dentro o fuera de un país. Creo que el aspecto interesante en esta reflexión son los migrantes internacionales, aquellos que emigran desde sus países de origen. Pueden ser tanto refugiados políticos, personas que tratan de buscar un mejor futuro, o simplemente jubilados que quieren vivir en otro país.


Fuente: ONU
En el mundo, había 257,7 millones de migrantes en 2017, frente a una población mundial de unos 7.400 millones de personas (por tanto, un 3,5% del total). Los movimientos migratorios han sido una constante en la evolución de las civilizaciones. Los avances en la información y la globalización, las mejores logísticas y la propia situación de los países de origen (muchos afectados por guerras y dificultades económicas) están entre las principales causas de las migraciones en los años recientes. 


Fuente: IOM
Algunos de los países europeos han sido los principales receptores mundiales de migrantes, y de forma no sorprendente, son algunos donde la fuerza de los partidos políticos xenófobos está creciendo o donde las reacciones de la población anti inmigración han conducido a eventos como el Brexit (que también tiene otras razones). Dicho esto, habría en mi opinión que distinguir la migración intracomunitaria de la extracomunitaria, especialmente la parte de esta segunda que obedece a factores ligados al empeoramiento de las condiciones de vida en los países de origen, por razón de guerras, inseguridad o falta de alternativas económicas.


Europa ha tenido una tradición histórica de tolerancia y libertad, y hoy los genetistas han demostrado que las diferencias biológicas entre europeos, africanos, chinos y norteamericanos son nimias. Luego una de las razones fundamentales de la suspicacia anti inmigración es la capacidad de adaptación a la cultura del país de acogida, y la tolerancia del mismo a culturas sustancialmente distintas que no se diluyen fácilmente en los países receptores. El problema se exacerba en Europa ante el hecho incontestable de que aún hay identidades nacionales que son más poderosas que el sentimiento de identidad europea.