miércoles, 7 de junio de 2017

Ecos del último estertor de un banco de 1926



Salgo de casa dispuesto a subir al Cabify que he reservado para ir a la estación, y junto al Hyundai i40 negro e impecablemente limpio que me espera, se detiene un taxi que ve en mí la pieza perfecta: traje y maleta de viaje, trayecto seguro al aeropuerto o a la estación de Renfe. Noto que el taxista me mira de forma torcida cuando entro en el coche de Cabify y casi puedo notar que jura por lo bajo contra la nueva competencia.

Pero no es la nueva competencia lo que ha derribado al Banco Popular, la noticia de este 7 de junio de 2017. Banco Popular deja de existir en este día, sus acciones se amortizan a 1 euro por acción al igual que los títulos asimilables a capital y se venden a Banco Santander, que se convierte en el banco más grande de España. La operación ha sido aprobada por el Banco de España, el FROB, la CNMV, el Banco Central Europeo y por el Mecanismo Unico de Resolución Europeo.

La banca todavía no tiene en la nueva competencia tecnológica su mayor amenaza, por mucho que tratan de vestirse con nuevos ropajes digitales como WiZink en el caso del banco que nos ocupa. El problema lo tienen en casa, en lo que tienen en su balance, en su cultura, en la apreciación que hacen los clientes de sus servicios, y sobre todo en la gestión de su negocio. Banco Popular es un caso paradigmático de muchos errores, y quizá el primero es su desacertada gestión, primero y principal, en la época de Angel Ron, y después en la corta agonía de la época de Emilio Saracho.

martes, 6 de junio de 2017

Empujoncito

Las personas no decidimos de forma racional, y mucho menos cuando existe un cierto grado de incertidumbre o la decisión implica una probabilidad de pérdida. Tenemos aversión al riesgo, preferimos evitar las pérdidas, aunque la probabilidad de ocurrencia sea baja. Por cierto, tendemos a sobrestimar las probabilidades de ocurrencia cuando éstas sean reducidas (accidente de avión, siniestro, etc). 

Las personas tenemos inercia. Cometemos errores, nos dejamos llevar por las tentaciones, por el exceso de optimismo o de pesimismo, por la pereza, por los prejuicios.... en definitiva, por el sistema automático de toma de decisiones. Además, en ocasiones, el número de alternativas entre las que tenemos que elegir es muy elevado. Cuantas más opciones des, más ayuda debes prestar (piense en esa carta de un restaurante con múltiples páginas y cientos de referencias de vinos). 

Nadie es perfecto, así que ¿no sería nuestra vida un poco mejor si unas pistas nos facilitaran tomar mejores decisiones?. Un "nudge" o "empujoncito" es lo que proponen Thaler y Sunstein. Una pequeña, sutil e insignificante intervención que, preservando la libertad de los individuos para elegir y decidir, pueda impactar en su comportamiento. Un "nudge" tiene que ser sencillo, barato y no puede obligar ni prohibir nada. El punto débil es la sospecha de manipulación o el hecho de que más que una pista, guía o empujoncito sea un manotazo o codazo descarado.