lunes, 15 de mayo de 2017

Un día de boda en Senegal

Transcribo a continuación una descripción de una boda en Senegal hecha por mi amiga Ánsel de la Rubia. Además del valor intrínseco de la descripción que hace Ánsel como testigo presencial, me gustaría destacar a Ánsel misma.

Ánsel es cooperante en una pequeña ciudad de Senegal, Mbour. Lleva ya un tiempo dedicando su vida a echar una mano en mil tareas que se presentan allí. La conocí el año pasado y, gracias a ella, pudimos llegar a una pequeñísima aldea -que yo digo que es la aldea de Tarzán por su parecido- en la que pusimos en marcha un proyecto de construcción de una escuela. El proyecto quedó finalizado en unos meses, pero no con ello terminaron las necesidades de la gente que vive allí. Su agradecimiento es tan infinito como lo son esas necesidades.

Ánsel también colabora con hospitales y colegios locales. La vida en la eterna primavera-verano de Dakar o de las playas de Sali puede tener sus atractivos, pero la vida que lleva Ánsel en Mbour sólo tiene la recompensa de la felicidad que emana de la satisfacción de hacer lo que está bien y las caras llenas de sonrisas llenas de dientes -y huecos- de los niños de la zona.

Ánsel no ha querido compartir con nosotros en esta primera participación su experiencia de voluntariado, ni sus alegrías ni sus decepciones con un mundo en el que la ley de la jungla impera de forma despiadada. Aquí, en Europa, también, me diréis. Y es cierto, pero aquí las consecuencias de ser el perdedor se suplen con muchas ayudas y posibilidades. Allí, Ánsel no tiene más que sus propias fuerzas... y las que podamos mandarle desde aquí nosotros.

Va el relato...