miércoles, 30 de noviembre de 2016

Efectos de la política monetaria no convencional sobre la financiación de las empresas



Lo he defendido desde 2008: la política monetaria es una herramienta muy potente de política económica. Mucho más de lo que pensamos. Y es una pena "limitarla" a la consecuención de un único objetivo como la inflación, sobre todo cuando éste no parece el principal problema de las economías desarrolladas.

Nadie tiene la capacidad de un banco central de crear base monetaria y, por lo tanto, de influir en los mercados financieros, no sólo de renta variable sino, especialmente, en los de renta fija.

La ampliación del tamaño del balance de un banco central es lo que se denomina Quantitative Easing (QE), practicado activamente por la Reserva Federal de EEUU entre 2008 y 2014 y, de forma más reciente, por el BCE.

En el caso del Área euro, el programa de adquisición de activos de renta fija a vencimiento se denomina APP y tiene 4 componentes: ABSPP (compra de ABS), CBPP3 (compra de covered bond emitidos por bancos), PSPP (compra de deuda pública) y el cuarto y más reciente, el CSPP. Mediante el Programa de Compra de Bonos Corporativos, el BCE adquiere emisiones de renta fija de empresas de la UME. No entraré en más explicación porque el artículo que me ha motivado este post lo hace muy bien.

El programa de compras de bonos corporativos del Eurosistema y su efecto sobre la financiación ajena de las sociedades no financieras españolas

lunes, 21 de noviembre de 2016

Los efectos de red en la sociedad de internet



Hace unos pocos días un buen amigo me remitió a través de whatsapp una tentadora oferta que aparentemente provenía de la compañía Emirates y que ofrecía 2 tickets gratis si se reenviaba el mensaje a 10 contactos o a 3 grupos de whatsapp. Nada especialmente novedoso, pero el caso me hizo reflexionar sobre la capacidad de los mensajes de expandirse cuando los incentivos son atractivos y además proviene de prescriptores de confianza. Otra conversación me llevó a la conclusión que expongo al final de esta entrada. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

No todos los populismos son iguales



Desde la crisis financiera de 2008, los ejemplos de desconexión entre votantes y clases dirigentes se han multiplicado. La Historia nunca se repite de forma exacta, pero corremos el riesgo de hacer descarrilar lo que llamaré sistema político programático, que ha funcionado durante las décadas posteriores a la II Guerra Mundial. Este sistema está encarnado por personas, estructuras e instituciones que han posibilitado un progreso innegable de la Humanidad en la mayoría de los países desarrollados del planeta. El multilateralismo y unas reglas de juego claras han sido piezas fundamentales.

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 es la última prueba del rechazo de los votantes a un candidato del sistema, respaldando en este caso a un candidato no convencional. Llamaré de esta forma a una serie de líderes mediáticos (dentro o al margen de partidos políticos establecidos) que son capaces de catalizar los sentimientos de masas de población hacia sus objetivos. Si bien en las recientes elecciones hay que admitir que más norteamericanos han votado a Clinton que a Trump, que en parte ha ganado por el sistema de colegios electorales, donde los votantes eligen indirectamente a los candidatos a través de sus electores.

El populismo es un fenómeno en resurgimiento en las democracias en los últimos años, no está necesariamente adscrito a una ideología, y habitualmente es tratado peyorativamente en contraposición a la política dentro del sistema, representada por líderes quizá menos mediáticos, más claramente adscritos a una confesión política, y con frecuencia más tecnócratas que inspiradores. Los líderes dentro del sistema parecen movilizar cada vez menos a las masas, necesitan de estructuras ideologizadas de partido, y con frecuencia, dirían algunos, están más alejados de los problemas que preocupan a la población en general. Muchos hasta opinan que su objetivo último es la perpetuación del sistema que les favorece. El problema es que en los últimos tiempos pueden estar perdiendo la batalla del relato.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Reducción del dinero en efectivo

La eliminación de los billetes de alta denominación (500 EUR, 100 USD, 1.000 CHF, etc) es un tema que me interesa y que apoyo. Es una de las vías para limitar la economía sumergida, cuyo peso oscila entre el 7% del PIB en EEUU, Suiza o Austria y el 19% en España e Italia, el 25% en Grecia o el 29% en Turquía.

El último libro de Kenneth Roggoff (The Curse of Cash, Princeton University Press) lo avala, con abundantes datos que demuestran la relación entre billetes en circulación y “economía B”.