miércoles, 5 de octubre de 2016

África



Me recordaba Elena el otro día que este es el siglo de Asia, pero que el siguiente será el siglo de África. Una temporada más allá de los tópicos y de los trópicos hace que uno tenga sus dudas al respecto. Por un lado, el rápido crecimiento demográfico y el extraordinario potencial de una población que sorprende al europeo por su juventud. Por otro, el fatalismo y la falta de determinación, el limitado alcance de la acción del Estado en la mayor parte de la región.

África tiene todos los ingredientes para ser la eterna promesa, el eterno aspirante a motor del mundo.

Para el visitante ocasional, los factores positivos suponen que, con un mínimo liderazgo adecuado y con las infraestructuras necesarias, África no pueda sino despegar como potencia.

Una visita a la Universidad de Dakar refleja el contraste entre la ambición y el talento de sus 80.000 estudiantes, y la falta de recursos y de mantenimiento de los mismos. La educación es la clave para el desarrollo de las futuras generaciones. Cuando un país tiene una población con una media de edad de 14 años (http://knoema.es/atlas/Senegal/topics/Datos-demogr%C3%A1ficos/Proyecci%C3%B3n-de-la-poblaci%C3%B3n/Edad-media) esto es mucho más cierto.

Un paseo por Dakar es un espectáculo. Más de la mitad de las personas con las que te cruzas son niños. Los hombres son altos, atléticos, dinámicos. Las mujeres altas, esbeltas y muy elegantes. Los viernes, vestidas en sus ropajes típicos de llamativos colores, ceñidos en la cintura y sueltos en el vuelo de las faldas, la verticalidad de sus espaldas -fruto de la costumbre de acarrear toda suerte de productos sobre la cabeza desde muy niñas- son particularmente llamativas mientras recorren los mercados con sus hijos colgando de pañuelos atados a la espalda.

Los niños, en las escuelas públicas, aprenden francés, una lengua que les permitirá mirar más allá del limitado horizonte del alcance del "wolof" familiar. La ignorancia de la lengua europea limita tremendamente sus posibilidades de acceso a formación ulterior y a los centros a los que llega la ayuda desde el primer mundo. En las aldeas más allá de Dakar, las posibilidades de que esto ocurra -especialmente entre las chicas- es mínima.

Sin otra salida, inmersos en familias doblemente numerosas -en esposas y en hijos- muchos niños acaban siendo cedidos o alquilados a los "marabús" que regentan las escuelas coránicas. Allí aprenderán poco más que el Corán y serán explotados por los líderes en labores de mendicidad en las que tendrán que reportar un mínimo de tres euros al día a su maestro.

Las condiciones en muchas de estas escuelas son infrahumanas. Cuanto más miserable sea el aspecto del "talibé", del alumno, mayores posibilidades tendrá de inspirar compasión y, por lo tanto, de recaudar fondos. En lo que es una práctica habitual, los abusos sexuales del maestro con los alumnos y de estos entre sí son moneda de cambio habitual.

Es un mundo sórdido, gris y pardo. Nada que ver con los vestidos coloridos. No hay filas de dientes blancos asomando en una sonrisa. No hay presente y, peor aún, el futuro que se adivina no deja más salidas que la radicalización y la desesperanza. Privados de una educación y unos mínimos objetivos, los niños centran sus esfuerzos en sobrevivir en el día a día.

El gobierno está tomando cartas en el asunto y penalizando a padres y a "marabús". Sin embargo, lejos de disminuir su actividad, se les ve por todas partes, a todas horas, aunque especialmente los viernes.

Pasa con los niños y la educación lo mismo que con el turismo. El potencial es enorme. Surge de Dakar la playa de Youff y sigue sin interrupción hasta más allá de la frontera con Mauritania. A vista de pájaro, un paraíso virgen por el que otrora transitó el rally más famoso del mundo. De cerca, una línea continua de desperdicios y basuras, una sucesión de vertidos, y la curiosa presencia de cabras, ovejas, perros y caballos entre los bañistas resta glamour y atractivo al conjunto.

Dakar es un caos, una cacofonía de coches movidos por alguna mezcla de combustibles que arrojan un humo negro y denso, microbuses abarrotados en los que los más afortunados viajan en el pescante posterior (no quiero imaginarme lo que es ir dentro) y carruajes tirados por jamelgos más desvencijados que su remolque. 

Y aún así, es el paraíso. En sus mercados bulle la actividad; en las telas, colores imposibles en Europa (con la excepción de Ágatha Ruiz de la Prada, vale). En temporada, los mangos son omnipresentes en mecados, mercadillos y puestos callejeros.

En Dakar quedan algunos vestigios de un pasado colonial: una estación de ferrocarril cuyas vías parece que van a morir en cualquier metro del recorrido, un barrio francés y, sobre todo, la isla de Gorée, la de los esclavos. Esclavitud y migración son dos temas recurrentes hoy allí. Naciones Unidas tiene un centro dedicado allí mismo. El presente es un hervidero en cuya marmita se cuecen culturas, religiones e influencias de todo el mundo (para recordarlo, el monumento al Renacimiento Africano, una estatua cuatro metros más alta que la de la Libertad, regalo de Corea del Norte, es visible desde toda la ciudad). El futuro sigue incierto. Por LA carretera que llega desde el corazón del Sahel se mueve la vida, pero también por ella pueden llegar los problemas.

Dakar es el puerto de buena parte de África. Portacontenedores y cayucos circulan cada día por sus aguas. Ser puerta de entrada y salida ofrece ventajas innumerables, pero también retos importantes.
Luego, más allá de la última calle de Dakar empieza África.

2 comentarios:

  1. Extraordinaria resemblanza de un observador perspicaz. Claramente el desarrollo social no es lineal, y esa zona está en retroceso respecto a momentos pasados. La época de las colonias, con sus claroscuros, pudo haber sido un buen momento para empoderar a poblaciones que hoy podrían estar mejor, sin ser una réplica de los estándares culturales de Occidente. Pero no pudimos, supimos o se dejaron, o simplemente no quisieron. Ahora parece ser más el campo de expansión del islamismo radical ante la mirada ausente de Occidente.

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  2. Un buen articulo relacionado producido por el RI Elcano

    http://www.blog.rielcano.org/el-sahel-entre-la-inquietud-y-el-olvido/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+BlogElcano+%28Blog+Elcano%29

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