lunes, 16 de noviembre de 2015

Canal de contagio financiero de la desaceleración económica en China

A la espera de que la Reserva Federal de EEUU inicie el proceso de normalización de las condiciones monetarias (tendremos ocasión de analizarlo en este blog), otro de los focos relevantes para la economía mundial es China, y más concretamente, el ritmo al que se desacelera. Nadie puede dudar de que los máximos de crecimiento del PIB quedaron atrás en 2010 y que ahora es prioritario saber el ritmo al que pierde dinamismo. Tasas de avance del 10%, dependientes de la inversión empresarial (supone más del 50% del PIB), de la construcción y, en menor medida, de las exportaciones, eran insostenibles si atendemos a (1) el exceso de capacidad productiva instalada, (2) al endeudamiento privado o a (3) la corrección del consumo de las familias de las economías desarrolladas. Parece sensato (y hasta recomendable) que China se acerque a tasas de crecimiento del PIB del 5% (o inferiores), más dependientes del sector servicios y de la demanda de las familias del país.

La capacidad de relevo entre el “viejo” (manufacturas y exportaciones) y el “nuevo” modelo (servicios y consumo de las familias) es clave para evaluar el riesgo de aterrizaje brusco de la economía china. Y parece que los escenarios más extremos reducen su probabilidad de ocurrencia. Y para ello, las autoridades chinas siguen actuando en diversos frentes, en los que tienen margen de actuación. Por el lado fiscal, aumentando el gasto hasta alcanzar ya un nivel equivalente al 25% del PIB y ampliando el déficit público hasta el 2,7% del PIB. Por el lado monetario, sin novedades en el tipo de cambio del yuan (CNY), se deciden nuevas rebajas de tipos de interés y del coeficiente de caja.

La credibilidad de las autoridades a la hora mantener una senda de crecimiento que no implique un hard-landing es esencial para frenar la salida de capitales observada en el último año, cuyo reflejo más claro es la caída de reservas en moneda extranjera del banco central. Si bien cuenta todavía con margen de actuación debido al elevado nivel de reservas (3,4 billones de USD), una prolongación de la situación actual podría añadir un elemento adicional de riesgo al contexto financiero de la economía. Más aún si tenemos en cuenta que existe poca trasparencia sobre la composición de esas reservas y la liquidez de los activos de la componen. Pero a pesar de la reducción de las reservas oficiales por parte de China y de buena parte de la esfera emergente, ello no está suponiendo (al menos por el momento) un problema para el Tesoro de los EEUU.
En definitiva, una pérdida de dinamismo económico más o menos intensa de China tiene, al menos, dos potenciales canales de impacto. El más tradicional es el comercial, esto es, la menor capacidad exportadora de EEUU, Área Euro, Reino Unido y Japón. Dado el reducido peso (1%) que suponen sobre el total del PIB (salvo en Alemania y en Japón, 5%), este canal parece menos preocupante. Podría tener mucho más impacto el financiero, es decir, las distorsiones en las cotizaciones, y no solo en el mercado de bonos sino también en el de renta variable. Cada crisis (o riesgo de crisis) tiene sus elementos diferenciales y novedosos. En este caso, el hecho de que la segunda economía del mundo atraviese por una fase de desaceleración, pero partiendo desde una tasa muy elevada y dirigida por la inversión empresarial y las exportaciones. Adicionalmente, que sea la principal tenedora de reservas internacionales y que esté gobernada por unas autoridades claramente proclives a la intervención. Apasionante.