jueves, 29 de octubre de 2015

Ante el riesgo de estancamiento secular

El pasado 19 de octubre, Enrique Titos comentaba en su entrada el concepto de "estancamiento secular" o Secular Stagnation, sin duda, el escenario de riesgo más probable para las economías desarrolladas.


El crecimiento del PIB de China persiste en su pérdida de dinamismo mientras que el de EEUU está moderándose por, entre otros factores, la apreciación del USD. A diferencia de lo observado en el último lustro, el Área euro va a contracorriente, al presentar una mejora de sus indicadores. Ahora bien, el ritmo de avance del PIB (1,5%) no es satisfactorio o, al menos, es insuficiente como para paliar dos de los problemas más graves de nuestra economía: la elevada tasa de paro y el persistente déficit público en algunos países. Pero el crecimiento tampoco permite terminar con otra anomalía no menos peligrosa: las reducidas tasas de inflación y la creciente probabilidad de que nos instalemos en un entorno de deflación. 

Hace bien el BCE recordando que incumple su mandato tanto si la tasa de crecimiento del IPCA supera el 2,0% como si está muy por debajo de esa cota (nada arbitraria, por otra parte). Y la alarma se enciende porque la reducida tasa de inflación no se debe sólo a la caída de los precios del petróleo: la inflación subyacente se sitúa en apenas un 0,9%. En la medida en el que el problema de la baja inflación se deba a la insuficiencia de la demanda, la política económica puede jugar un papel sustancial. Y una vía de estimular la demanda es la política monetaria. 

Según una regla tipo Taylor, los tipos óptimos para el área euro serían, en estos momentos, negativos, muy inferiores a los tipos actuales. Esta situación justificaría las medidas de expansión cuantitativa del BCE que están provocando que la mayoría de referencias de deuda pública hasta el vencimiento 2 años ofrezca ya una rentabilidad negativa. Ahora bien, no se puede depender únicamente de la política monetaria para activar la demanda agregada. Además, la expansión cuantitativa entraña riesgos. En particular, unas condiciones de financiación para las empresas y las familias excesivamente laxas pueden provocar que se tomen riesgos no adecuados, generando dificultades para la estabilidad financiera. Con unos tipos de la deuda de grado especulativo en mínimos históricos, no es descartable que estemos cerca de esos límites.

Una alternativa sería una política fiscal expansiva en aquellos países donde los parámetros de sostenibilidad de la deuda apuntan a que existe margen para ello. Las condiciones laxas de financiación limitan sus costes y algunos estudios (Hills y Nakata, 2014) muestran que cuando los tipos están muy próximos a cero el multiplicador fiscal puede ser superior a 1. Así, el impacto sobre la demanda, y, por tanto, sobre la inflación, sería elevado.