domingo, 8 de septiembre de 2013

El Fin del Poder, de Moisés Naim




El poder, palabra casi mágica que define la capacidad de que suceda lo que desea el que lo ejerce, y que tiene tantas acepciones que prácticamente afecta a todas las esferas de la vida: poder militar, económico, espiritual, político, cultural,… es la base de las relaciones sociales. El ejercicio del poder es crítico en la toma de decisiones que hacen evolucionar la Humanidad, en uno u otro sentido.

El poder se asocia normalmente a personas que están respaldadas por estructuras que apoyan el ejercicio de la voluntad del poderoso. A veces, el poderoso puede ser relativamente invisible. Y por ello, puede confundirse poder con la influencia, que es la capacidad de cambiar percepciones en quien ejerce el poder. El ejercicio del poder es lo que ha configurado el mundo tal y como lo conocemos hoy. Un poder con equilibrios, con alteraciones, pero hasta hace no mucho, un poder con capacidad para desarrollar o concluir en escenarios relativamente predecibles.


“El fin del poder” de Moisés Naím es un libro de actualidad porque refleja las grietas en las estructuras del poder tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Y es un libro de futuro porque es previsible que la degradación del poder viva nuevos episodios en los próximos años de forma que anticipa un escenario muy distinto del que muchas personas imaginamos.


Con qué frecuencia elevamos los ojos hacia quienes detentan el poder porque no en vano también tienen la responsabilidad (una y otra han de estar unidas) para que nos expliquen qué está pasando, y cómo salimos de esta situación. Porque todo se ha vuelto mucho más complicado a todos los niveles. Y ello pese a la creciente desigualdad social en muchas sociedades, que está polarizando la posesión de la riqueza con lo que ello implica en el ejercicio del poder.

Porque el mundo ya no es ya sólo una constelación de países y organismos supranacionales, con códigos espirituales o confesiones establecidas desde hace casi siglos. El mundo se ha convertido en una especie de "magma" en ebullición donde los países hegemónicos ya no tienen la capacidad unilateral de actuar, las empresas grandes o históricas corren el riesgo de desaparecer en pocos años si no están alerta, bastantes sistemas políticos están en proceso de recomposición o directamente en desintegración, el poder blando de los grupos de interés o de acción social es creciente, la creciente atomización de credos y grupos de acción espiritual alteran el "statu quo" social. Todo cambia y lo hace cada vez más rápido.

Las “barreras de entrada” que protegen el poder se han erosionado de forma severa, y ya no existe la capacidad de ejercer el poder por los métodos clásicos. Así, la coacción por la fuerza ha perdido eficacia como se ha visto en las guerras de Irak, Afganistán, en los países transmutados por la “primavera árabe”, o con la disuasión nuclear. La persuasión es mucho más complicada cuando la gente está mucho más formada, y si además los intereses están más contrapuestos. Los códigos morales se han resquebrajado parcialmente, ya no existe unidad de pensamiento sobre lo que es bueno, es malo, correcto o incorrecto por ejemplo. O si lo hay, depende de la parte que opine. El poder ya no tiene la capacidad de antaño de convencer vía recompensa porque en general, pese a la alarmante y creciente desigualdad, y salvo en algunos países y sociedades, “todos tenemos más”.

¿Y por qué ha sucedido esto? Moisés Naím establece tres factores como los principales causantes. Es la revolución del más, de la movilidad y de la mentalidad. En general, vivimos en una sociedad de abundancia, especialmente en el mundo desarrollado, y los que no lo son, están llegando y además quieren recuperar el terreno perdido aceleradamente. “Si yo tengo lo que necesito o puedo conseguirlo con mis medios, no necesito lo que tú me puedes dar”, le dirían al otrora poderoso. La movilidad geográfica está desdibujando las fronteras sociales que representan las fronteras convencionales o jurídicas. Países que mandan menos que ciudades que crecen atrayendo población satélite, países que progresan y países que “regresan". El principal “activo” de un país es la cantidad y calidad de su población, unido al neto de sus tendencias migratorias, y esta ecuación está cambiando de forma lenta pero crucial las opciones futuras de los países. Finalmente, la revolución de la mentalidad, la sociedad de la información da opciones de elección a muchos ciudadanos que ya no quieren conformarse con ejercicios del poder a la antigua.

El resultado de todo ello es a la vez apasionante y preocupante. Por una parte, nunca como ahora hubo tantas opciones para que el “empowerment” alcanzara a tantas personas en el planeta, nunca hubo en general tanta capacidad de elección, quizá nunca hubo tanta libertad como ahora. Hasta ahí la teoría. Porque la libertad lleva aparejado el ejercicio de la responsabilidad, y es indudable que ante esta oleada de opciones de la que disponen las personas es relativamente fácil encerrarse, sin cuestionarlo, en el discurso más cercano que mejor conecta con los intereses de cada uno. De ahí el auge de los partidos populistas. Lo que si es cierto es que el poder como lo hemos conocido se ha degradado, o mejor dicho, se ha dividido, y se corre el riesgo, parejo con la oportunidad, de enfrentar escenarios desconocidos hasta ahora. En la práctica, se corre el riesgo de que decisiones importantes sean postergadas o no tomadas por  la tensión entre poderes, y estos poderes a su vez están bastante más maniatados de lo que se piensa por la existencia de micropoderes y redes de influencia. Entender los nuevos “ecosistemas de fuerzas y equilibrios” es clave en la lectura y  acción del poder hoy y en el futuro.

¿Qué se puede hacer ante ello? Primero entenderlo y reconocerlo, tanto desde la propia esfera personal como desde los focos de poder, porque ello ayuda a tener las expectativas correctas de lo que es posible, sin que ello sea una justificación de inacción para los que detentan el poder. Habrá mucha más rotación en el futuro en el poder. Segundo, aceptarlo como regla del juego. Se han producido alteraciones estructurales en los parámetros de las relaciones sociales que salvo "casos de cisne negro", obligan a pensar mucho más lateralmente y no sólo verticalmente cuando interpretamos la gestión del poder.

Este artículo fue originalmente publicado en www.knowsquare.es, un dominio propiedad de Know Square, S.L.

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