domingo, 15 de julio de 2018

Economía azul: los ecosistemas como inspiración


A medida que la economía mundial ha ido progresando y, en consecuencia, elevándose el nivel de bienestar, surge el reto de conseguir su sostenibilidad. E, incluso, de poder seguir mejorando sin comprometer el futuro[1]. Se han propuesto varias alternativas, la más conocida la denominada “Economía verde”.

Por desgracia, bajo este concepto se ha desarrollado toda una variedad de opciones, algunas de las cuales son tópicos, etiquetas de marketing o populismos. Además, en ocasiones requieren una mayor inversión por parte de los productores o que los consumidores paguen unos precios más altos para conseguir lo mismo (o menos), a cambio de preservar el medio ambiente. “La economía verde, a pesar de su derroche de buena voluntad y esfuerzo no ha conseguido la ansiada viabilidad. Aunque hayamos empezado a comprender la importancia de los procesos sostenibles, pocos saben cómo hacerlos económicamente viables. La etiqueta “ecológico” solo certifica la ausencia de abonos y pesticidas químicos: no nos dice nada de eficiencia en el uso de recursos”.

La “Economía azul” es un concepto inspirado en un caso que ya funciona desde hace millones de años: la naturaleza. El creador del concepto, Gunter Pauli, y la explicación de su propuesta, en este libro. No es nuevo (tiene ya cinco años) por lo que es posible que usted ya haya oído hablar de ello, si bien bajo la forma de "Economía circular".




Como resumen: “Inspirémonos en las distintas maneras en que la naturaleza hace uso de la física: minúsculos cambios de presión, temperatura y humedad crean productos excepcionales que, por su elegancia, simplicidad y efectividad, eclipsan los resultados de la modificación genética. Los ecosistemas dan prioridad al poder de la física sin recurrir a la química. La mayor y más fiable fuente de energía de la Tierra reside en la gravedad”. Extraer ideas prácticas e inspiración de los ecosistemas y de su capacidad de superar mediante la creatividad y la evolución los desafíos a los que ha de enfrentarse por sobrevivir. Biomímesis.

La economía azul consiste en asegurar que los ecosistemas mantengan su trayectoria evolutiva de manera que todos podamos beneficiarnos del inagotable caudal de creatividad, adaptación y abundancia de la naturaleza. Es un modelo en cascada. Y es que resulta asombroso comprobar lo poco que se rige la sociedad moderna por la lógica natural. Nuestro mundo material funciona sobre la base de recursos físicos de los que no disponemos y de residuos que no tenemos dónde esconder. En la naturaleza el desecho de un proceso siempre es un nutriente, un material o una fuente de energía. Los ecosistemas nos inspiran por mirar más allá de los modelos convencionales y concebir modelos en cascada donde el desecho de uno se convierte en materia prima para otro. Todo permanece en el flujo de nutrientes. La respuesta al desafío medioambiental de la contaminación y al económico de la escasez puede encontrarse en la aplicación de los modelos que se pueden obtener en un ecosistema natural. Algo se sustituye por nada.

“Muchos de los problemas de sostenibilidad a los que se enfrenta la humanidad ya los ha resuelto el mundo natural, de maneras ingeniosas, inesperadas y que incluso parecen ir en contra de la intuición. La economía azul demuestra que podemos encontrar maneras de aplicar la física, la química y la biología con materiales renovables y mediante prácticas sostenibles, tal y como hacen los ecosistemas. Si empezamos a comprender y utilizar el ingenio, la economía y la simplicidad de la naturaleza, podremos emular la funcionalidad intrínseca a la lógica ecosistémica y lograr un éxito inalcanzable para las actuales industrias masivamente globalizadas”.

Uno de los casos más claros es el de los residuos, un resultado de nuestra actividad que no sabemos gestionar. La sostenibilidad solo es factible cuando nuestro sistema elimine el concepto de desecho y empiece a reciclar los nutrientes y la energía tal y como hace la naturaleza. “Biodegradable no equivale a sostenible. Las soluciones con ingredientes o procesos tóxicos y efectos secundarios indeseables no están en la línea de la sostenibilidad”.

El primer paso para la transición a una economía azul es usar maneras de aprovechar los desechos e identificar aportaciones ampliamente disponibles y baratas, que tenga poco o ningún valor para el sistema. Así es como funciona la naturaleza. Cuando no sabemos qué hacer con un “herido” lo “desechamos”. Esto es la antítesis del proceder de los ecosistemas naturales. Malgastamos los residuos que generamos.

En definitiva, las industrias basadas en la economía azul se inspiran en la manera en que la naturaleza hace uso de la física y la bioquímica para construir totalidades que funcionan armoniosamente, canalizando la abundancia, transformando sin esfuerzo y reciclando eficientemente sin desechos ni pérdidas de energía. Pasan de una percepción lineal a una concepción cíclica y regenerativa”. ¿Ejemplos concretos? Este libro aporta 100 casos de empresas que han desarrollado una innovación basada en la naturaleza.

“Sustituir algo por nada y reutilizar los desechos como materia prima equivale a necesitar menos y tener más”.



[1] No, no voy a entrar en el debate sobre si el nivel de bienestar ha mejorado o no. Es obvio que sí. Soy consciente de que sigue habiendo casos de extrema pobreza, pero se van reduciendo gracias al progreso. Sé que se han ampliado las desigualdades, pero en un aumento general del bienestar de todos, aunque haya aumentado en mayor medida el de las clases más altas.

martes, 5 de junio de 2018

¿Y si la banca ya no fuera la banca?


Sin duda estamos viviendo una época de cambio de paradigmas. La tecnología y la globalización siguen añadiendo capas de cambio que afectan a la forma de trabajar y producir, de relacionarse o de comportarse en sociedad. Algunos cambios pueden parecer menores mientras otros puede resultar disruptivos, transformadores del estado actual de las cosas.

En esta última línea habría que situar la posibilidad de que los bancos centrales puedan ofrecer directamente cuentas corrientes a personas o empresas. Para entendernos, hasta ahora sólo los bancos comerciales, cajas de ahorro, cooperativas de crédito y algunas instituciones públicas pueden tener cuentas en los bancos centrales y a su través se realizan las transferencias y pagos entre entidades. Además,  los bancos centrales son los únicos emisores o creadores posibles de dinero legal (aunque el dinero electrónico lo crean las entidades bancarias como explicaré más adelante). También supervisan el funcionamiento del sistema bancario al ser el depositario del dinero de los ciudadanos, con el objetivo de evitar colapsos de entidades bancarias que pongan en riesgo la confianza en el propio sistema (controlando el riesgo "sistémico" o del sistema).

A través de una web o una app personas o empresas podrían fácilmente tener cuentas en el banco central directamente, el lugar más seguro posible. Ello evitaría el riesgo de quiebras bancarias, que han costado miles de millones a los españoles en impuestos o deuda pública que cubren los rescates financieros, y caídas en los mercados financieros que afectan a las inversiones cotizadas. Pero se resentiría el volumen de prestamos del sistema,  ya que la banca crea dinero con su actividad de préstamos a partir del dinero legal. Los bancos sólo tienen que tener en el banco central un porcentaje de los depósitos de sus clientes y el resto se presta a empresas, a ciudadanos o al sector público. Cada vez que la banca presta dinero, se crean nuevos depósitos y en esto consiste el "multiplicador bancario". Como consecuencia de ello, se estima que más del 90% del dinero en cierculación lo crean los bancos en su actividad de préstamo.

martes, 15 de mayo de 2018

La cadena de valor del dato

La primera revolución industrial estuvo vinculada a la máquina de vapor. La segunda a la electricidad y la tercera a las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Estamos inmersos en la cuarta, en la que el dato es el protagonista como eslabón principal de la transformación digital, como motor de crecimiento. Y es una revolución porque nunca antes pudieron captarse, almacenarse y procesarse datos como ahora. Los avances tecnológicos facilitan un nuevo desarrollo, una nueva disrupción. Estamos ante la denominada “cadena de valor del dato”, con claras implicaciones económicas y sociales: la Economía de los Datos. 

Cadena de valor del dato

Esta cadena comienza con la generación del dato. De la mano de la digitalización, todo lo que sucede en nuestra vida cotidiana deja un rastro en forma de dato, la denominada huella digital. El dato es el petróleo del S-XXI: en bruto no tiene tanto valor, sino que requiere ser refinado para sacarle utilidad. Para ello es necesario la ciencia de los datos (data science), parte fundamental de esta cadena de valor, y que se puede definir como el conjunto de técnicas que permiten pasar de un almacén de datos a aplicaciones de valor con los mismos.

Generación de negocio a partir del dato

Y llegamos a la parte final, en la que algunas empresas generan negocio con el dato y otras a partir del dato. Si la inteligencia de negocio (business inteligence) permite explicar el pasado, la ciencia de datos posibilita un análisis predictivo e incluso prescriptivo… ¡en tiempo real!. La información que podemos extraer de los datos ayuda a las empresas a mejorar el conocimiento del cliente e incrementar la experiencia de usuario, a generar más ventas e, incluso, a crear nuevos negocios y servicios. En torno al dato se generan modelos de negocio hasta hace poco inimaginables, por inviables. Además, el big data puede permitir una reducción de costes mediante la detección y la resolución de ineficiencias.




Como sostienen los autores, el big data y el data science tienen un componente transversal en todos los sectores económicos y en empresas de todo tipo y tamaños. Y desde todos los ámbitos, las organizaciones están ya extrayendo valor de sus datos. Esto implica que exista necesidad de elevado número de profesionales cualificados y que, al ser un campo relativamente reciente, no se tengan las capacidades suficientes para poder desarrollar todas las posibles aplicaciones que impactaría en el negocio de las empresas. Director de datos (CDO), ingeniero de datos (big data engineer), científicos de datos o expertos en ciberseguridad y protección de datos (DPO) son sólo algunos ejemplos de las profesiones ya demandas.

Este es otro de ese manual divulgativo de obligatoria lectura para entender la disrupción tecnológica en la que estamos inmersos.

viernes, 4 de mayo de 2018

Ciudades inteligentes: ciudades sostenibles e integradoras

Es un hecho que se está incrementando la población urbana. ¡Horror! Dicen muchos, que prefieren vivir en el campo o en un pueblo. Lo expresan, sí, pero a tenor de las estadísticas, parece que se dice más de lo que se hace, o que sólo se aplica unos pocos días al año, o que sólo lo materializan quienes han alcanzado un determinado nivel patrimonial. Vivir en las zonas rurales puede ser una opción válida cuando se opta por un retiro, pero no tanto cuando se quiere investigar, innovar, crear, desarrollar, interactuar, etc. Insisto: digo vivir, no pasar unas vacaciones o una temporada. 


Población rural y urbana (en millones)
Fuente: UN World Urbanization Propects

Las ciudades, desde sus orígenes, han sido centro de innovación económica, política, urbanística, cultural y social. Son los motores de las economías de los países y las proveedoras de bienes y servicios públicos decisivos para el bienestar y la cohesión social de sus habitantes. Las ciudades proporcionan economías de aglomeración generadoras de externalidades positivas derivadas de la concentración espacial a gran escala de actividades productivas y de personas.

El modelo de “concentración” ha funcionado, al menos hasta ahora, momento en el que muchas de las grandes ciudades se encuentran en un punto de inflexión en cuanto a sostenibilidad y ganancias de bienestar se refiere. Las externalidades negativas (congestión, contaminación, exclusión, etc.) estarían comenzando a reducir las eficiencias económicas de las ciudades, creando tensiones sociales e impactos ambientales. Soy un claro defensor de las grandes ciudades y apuesto por un aumento de su tamaño como elemento dinamizador del desarrollo, pero hemos llegado a un punto en el que se hace necesario que se transformen en “ciudades inteligentes”, esto es, que se apalanquen en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), un conjunto de herramientas que hacen posible la existencia de las Smart Cities.

lunes, 30 de abril de 2018

Un mundo sin mente, un mundo sin opciones

¿Sabemos que el 65% de los norteamericanos se informan de lo que pasa en su país y en el mundo a través de Facebook? 
¿Sabemos que los algoritmos que producen nuestros datos y likes nos ofrecen información contextual ligada a lo que "ya opinamos o preferimos"? 
¿Sabemos que Google, seguramente la compañía que más datos tiene de personas y empresas en todo el mundo, puede hundir o encumbrar cualquier tema a través de su buscador? 

Sí sabemos que Amazon ya es la tienda líder del mundo, en ventas y en valor de mercado, habiendo revolucionado la logística y la forma de comprar. Además, Amazon es el mayor proveedor de información en la nube del mundo. 

... Y podríamos seguir con Apple, casi el mayor vendedor de dispositivos móviles del mundo con su sistema operativo propietario, o con Netflix que está destrozando la producción y divulgación audiovisual como la conocemos. O con los gigantes tecnológicos chinos, de los que aún poco se habla en Occidente, pero que cada vez estarán más presentes. Incluso China está construyendo un "social score" con datos para decirles a sus ciudadanos lo que pueden y no pueden hacer. 

Esto y más, de forma detallada y rigurosa, es lo que nos cuenta Franklin Foer, el autor de "Un mundo sin ideas", aunque la traducción original "A world without mind" hace más justicia a lo que posiblemente el autor quiere contarnos: las personas estamos "externalizando" nuestro razonamiento a lo que nos sugieren las webs o apps de grandes empresas tecnológicas que consultamos varias horas al día, sea por nuestro trabajo, ocio o información. Ciertamente, si nuestra mente "no procesa", "nuestras ideas" ya no son las nuestras, sino que son las de otros. ¿De quién? Preguntémos a Cambridge Analytica, por ejemplo. 


jueves, 19 de abril de 2018

Blockchain: dueños de nuestro yo virtual


Hace unas semanas encontré por la red este gráfico. En él se comparan las tasas a las que han avanzado la tecnología y nuestra capacidad de adaptación. Los humanos progresamos de forma lineal. La tecnología lo hace de forma exponencial. Cuando el desarrollo de la tecnología se encontraba en sus albores, los humanos podíamos ir asimilando los cambios más a o menos al mismo ritmo. Pero como buena función exponencial, cuando la tecnología ha entrado en la fase en la que la pendiente es alta (esto es, el ritmo al que varía la tasa de cambio –o segunda derivada- se incrementa), la distancia se hace creciente. La relación entre humanos y tecnología ha entrado en una etapa en la que no somos capaces de asimilar los cambios al tiempo al que se producen. Las innovaciones tecnológicas son cada vez más complejas y se corre el riesgo de no entenderlas y, sobre todo, de no adoptarlas.

Tasa de cambio de la tecnología y de la adaptación humana a la misma
Pero, ¿debería la incapacidad de comprensión impedir su adopción? Creo que no. ¿Acaso puede explicarme cómo funciona un microondas? Todos sabemos cómo usarlo para calentar la leche que hay en un vaso, pero muy pocos son capaces de explicar cómo se consigue. Y no me importa: lo uso todos los días.



domingo, 25 de marzo de 2018

Sand Hill Road es el camino

Los activos intangibles (como las patentes, las marcas, el conocimiento, los derechos de explotación, los datos, el diseño, el I+D, el software, la formación de los empleados, la organización empresarial, etc.) tienen características especiales, como a escalabilidad, los costes hundidos, las sinergias y los efectos indirectos. De ahí que su creciente importancia relativa frente a los activos tangibles en la práctica totalidad de países (también en España) conlleve implicaciones económicas. Porque una economía dominada por intangibles se comportará de forma diferente (¿acaso el estancamiento secular, como sugieren los autores, no es un claro ejemplo de ello?). Y tiene necesidades diferentes, entre ellas, de infraestructuras. No se requieren las típicas mega infraestructuras propias de los bienes tangibles, sino otras como procesos, instalaciones, reglas, políticas públicas… “infraestructuras invisibles” (no sólo lo que puede tocar es inversión).

                                        Inversión empresarial en España por componentes (% del PIB)


Fuente: INE


Este no es un libro sencillo. Es un manual de teoría económica de la innovación, que abarca desde aspectos densos como el tratamiento estadístico y contable del gasto / inversión en intangibles (seguramente en el PIB se infraestima), hasta otros más prácticos como la financiación. Este es para mí el punto más interesante (este artículo de Cecchetti y Schoenholtz https://voxeu.org/article/financing-intangible-capital ahonda en ello). Es complicado que una economía más volcada hacia los intangibles se financie mediante préstamos o bonos (es mucho menos probable que sirvan de colateral). Tiene más sentido que, dados sus costes hundidos, recurra en mayor medida a los fondos propios.

Y estos, a su vez, pueden encontrar dificultades para cotizar en los mercados financieros que, como es sabido, se caracterizan por su volatilidad (https://elalcazardelasideas.blogspot.com.es/2017/07/ya-comente-aqui-empujoncito-que-las.html) y cortoplacismo. Por ello, condicionan en exceso las decisiones de inversión empresarial, sobre todo las que tienen resultado a largo plazo, cuyos rendimientos no son fáciles de entender y mucho menos de estimar. Los autores defienden la tesis que apunta a que los directivos de las compañías cotizadas prefieren recomprar acciones (buy backs) aunque sea a costa de inversión (en especial, en intangibles). Este “sacrificio del largo plazo” no sería tan común en las compañías no cotizadas, donde el incentivo es menor.

Los mercados privados y, por lo tanto, el capital riesgo se configura como una mejor vía para financiar la inversión en intangibles (otros investigadores como Doidge, Kahle y Stulz apuntan en la misma dirección https://www.nber.org/papers/w24265). Los autores defienden el apoyo gubernamental a estos vehículos, así como a la financiación vía acciones (que el coste del capital sea un gasto deducible como lo son los intereses de la financiación ajena).
Dato interesante: el gobierno de EEUU y el del Reino Unido suponen el 30% de todo el gasto/inversión en I+D de sus respectivos países. A mucho les parecerá poco. A mí me ha sorprendido por alto.

Aborda otros temas más difícilmente defendibles (o al menos a mí las evidencias aportadas me han parecido débiles) como el aumento de la desigualdad causada por el incremento de la tecnología.



En conclusión, libro interesante, aunque con elevado componente técnico y desigual en interés en función de los capítulos. 

martes, 13 de marzo de 2018

Digitalización masiva: la cuarta revolución industrial



Nos dicen que la digitalización es la capacidad de codificar cualquier cosa utilizando ceros y unos. Que hemos llegado a límites hace poco impensables y que seguimos rebasando para almacenar, trasmitir y procesar la información utilizando chips con una cantidad de transistores que se cifra en  miles de millones y que todo cabe en una moneda de diez céntimos. 

Todo ello ha revolucionado los dispositivos de movilidad, que ya son mucho más que teléfonos, son ordenadores y videocámaras conectadas en tiempo real a través de infraestructuras de comunicaciones cuya latencia (retardos en la transmisión de datos) es cada vez menor lo que aún incrementará más el número de dispositivos conectados materializando la promesa del internet de las cosas. 

Hoy la sociedad ya no es la misma. Hay más teléfonos móviles que habitantes en el mundo, casi 3000 millones están en las redes sociales y un número superior está conectado a internet. Nos comunicamos más que nunca. Hay países que no tienen servicios básicos cubiertos pero ya disponen de teléfonos móviles. Hay países con una estrategia nacional frente a esta cuarta revolución industrial, y hay otros que siguen enfangados en disputas irrelevantes cuando está en juego la supervivencia misma del modelo de convivencia social en una batalla por el reparto del campo de juego en el nuevo modelo que resultará de la actual revolución tecnológica y científica. En el extremo, el "salto de rana" de países como India con su intento de demonetización es notable. 

martes, 6 de marzo de 2018

Tres maneras de ver el mundo

Tres, que podrían ser trescientas. O tres mil. Pero casi todas van a generar similares conclusiones sobre el futuro.

La primera es una clásica: según la proporción en el PIB mundial (en USD corrientes). EEUU sigue siendo la principal potencia, con una cuota cercana al 25%. Ni el nacimiento del euro, ni la crisis financiera de 2007/2009, ni la acumulación de déficits por cuenta corriente han hecho mella en su condición de primera economía del mundo. Peor nos está yendo a la UME y Japón, con una clara pérdida de peso, en favor de China, que se consolida como la segunda economía del mundo con sus 12 billones de USD. Por cierto, sigue aportando cada año al PIB mundial del orden del billón de USD, es decir, una España.

Cuota en el PIB mundial

Si el PIB es una cifra actual, la segunda manera de ver el mundo tiene más que ver con el potencial. Para ello resulta útil contar la población. La expectativa de desarrollo y, por lo tanto, de aumento del PIB per cápita permite anticipar cuáles pueden ser las potencias del futuro. De nuevo China, como el país más poblado, seguido de India. A este núcleo se le suman Indonesia, Vietnam, Bangladesh, Pakistán, Filipinas, Tailandia… (en el sudeste asiático viven dos tercios de la población mundial). Pero también África, donde destacan Egipto, Nigeria o Etiopía, aunque el potencial de este continente aún parece lejano.

Población



Y el tercer cristal por el que mirar son los «unicornios», o aquellas empresas cuyo valor de mercado supera los mil millones de USD (one billion). En este caso, el área de los países aparece a escala en función del censo de unicornios. China vuelve a destacar (sí, como alumno aventajado aparece en los tres mapas). Y EEUU también. ¿Y la UME? Desaparecida. Preocupante.

Unicornios


viernes, 16 de febrero de 2018

Sesgo de confirmación y redes sociales

Uno de los sesgos más estudiados en Behavioral Finance es el de “confirmación”, según el cual, cuando adoptamos una posición larga o corta en un activo financiero, tendemos a encontrar más argumentos que justifican nuestra opinión que los que están en contra. Si, por ejemplo, consideramos que el ciclo económico es positivo y que es momento de comprar renta variable, nos inclinaremos a dar más credibilidad e importancia a los datos, gráficos o artículos que avalen nuestra tesis. Descartaremos las evidencias que sean contrarias a nuestros planteamientos, o simplemente no las recordaremos.

Es un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático que no reconocemos que guíe nuestras decisiones. Y más aún nos cuesta reconocerlo en el actual contexto de elevado uso de las redes sociales. Hace unos días, Ángel Gómez de Ágreda nos hizo reflexionar sobre la abundante cantidad de información que se puede encontrar en Twitter, LinkdIn, etc. Nos bombardean con datos, gráficos y tablas, de tal forma que nunca como hasta ahora ha sido tan fácil disponer de información. E insistió en que nos lleva a enrocarnos en nuestras ideas. En ese momento caí en que era aplicable a la economía y los mercados financieros. 

El razonamiento es el siguiente: si encuentro en las redes sociales tanta cantidad de evidencias que señalan que la economía está en fase expansiva, que la caída del S&P 500 es una oportunidad de compra o que el USD está excesivamente depreciado, entonces está claro que estoy en lo cierto. No hago más que encontrar datos que apuntan en la misma dirección (la mía), por lo que no puede estar equivocado. Y todo ello sin entrar a valorar la calidad de los tuits. Porque hay tantos, que incluso filtrando los de fuentes rigurosas y fiables, puedo encontrar muchos que demuestran que hay que estar cortos en bonos y largos en volatilidad. Si hay una ciencia social en la que es aplicable esta sobreoferta de opiniones (¡y fiables!) es la economía. Como decía Keynes, “donde hay dos economistas, hay tres opiniones”.

Se produce, por lo tanto, una gran paradoja. La abundante información, que debería servirnos para reconsiderar nuestra opinión, para someterla a contraste, para abrirnos a cambiar de pensamiento, no sólo no sirve para eso, sino todo lo contrario: aferrarnos en nuestra creencia dado que cada vez encontramos más opiniones que están a nuestro favor… ¡y muchas que proceden de economistas o de gestores de carteras de gran prestigio!

Reconozcamos que tendemos a seguir a profesionales que opinan como nosotros (revise su TL). O, desde luego, a hacerles más caso, a retuitearles más (por mucho que algunos adviertan de que no ello no implica estar de acuerdo). Tendemos a pinchar un “me gusta” o “una recomendación” a un gráfico, tabla o frase que está en línea con nuestra visión. Tendemos a olvidar las evidencias contrarias. Espero que estés de acuerdo conmigo en esto.